LA INFLUENCIA DE LA ESCUELA DE FRANKFORT EN LA OBRA DE BANKSY

Contenido

Introducción
El grafiti y la Escuela de Frankfort

El concepto de cultura
La Escuela de Chicago
La Escuela de Frankfort
El Grafiti
Banksy y la escuela de Frankfort

Conclusión
Bibliografía

Introducción

El concepto de cultura es un término que suscita en su misma concepción y entendimiento una discusión constante. Qué es y qué no es sensible de ser declarado cultural es una cuestión a resolver de perpetuidad. El motivo es fácilmente explicable desde la perspectiva de la dialéctica hegeliano, adaptada y ampliada con posterioridad por la teoría marxista: no hay consenso en síntesis de la tesis y antítesis culturales predominantes (opresor y oprimido) en las sociedades occidentales modernas por conflicto de intereses.
Puesto que la cultura es producto de la acción del sujeto y que su producción es la reafirmación de dicho sujeto en su contexto histórico-social, su definición, acotación, concepción y acepción final en el imaginario colectivo, convirtiéndose así en un ente estático imperturbable por ninguna de las partes interesadas, solo puede significar la imposición de la tesis sobre su antítesis.
Esta guerra de intereses sobre el mismo concepto (y, por ende, su concepción social) de cultura, en la que ambos bandos pretenden apropiarse de él y hacerlo suyo, aceptando como cultural aquello que consideran y excluyendo aquello que no, es lo que ha imposibilitado un consenso sobre el mismo a lo largo de la historia sociología.
De las dos teorías que más han teorizado sobre el concepto de cultura y sobre sus implicaciones, la escuela de Chicago (funcionalista) y la Escuela de Frankfort (crítica), aquella que mayor preocupación —introduciendo el humanismo en el concepto— ha mostrado es esta segunda: la Escuela Crítica de Frankfort.
Es por esto mismo que he escogido el paradigma de la Escuela de Frankfort y el postmarxismo para su análisis y ampliación por medio del arte urbano (baja cultura) por excelencia: el grafiti.
Como batuta del ensayo sobre arte urbano y la escuela crítica, he escogido al artista callejero «hegemónico»: Banksy. Su ácido arte, su crítica al capitalismo, a la cultura hegemónica (ironías del arte: artista hegemónico criticando la hegemonía), al discurso único, a las desigualdades sociales, raciales, trasnacionales…, y sus propias contradicciones le hacen el más adecuado para analizar la influencia de esta escuela en la cultura de masas postmoderna.

La cartera

Tengo vacía la nevera
Ya ni siquiera me queda
ese limón a medias
cubierto de moho y tiempo de espera.
Tengo llena la mirada.
Guarda instantes,
trenes que partieron sin mí
y amores que ya jamás reclamaré.
Tengo la cartera a rebosar.
Guardo poemas por terminar,
la foto de carné de algún polvo medio especial
y tres extrañas monedas de la zona euro.

Sahara Occidental – Reportaje

Cadena perpetua al Sahara Occidental

La retirada de España de su antigua colonia, su ocupación por parte de Mauritania y Marruecos y la posterior guerra que desató esta ocupación han quedado sepultados bajo años de olvido. El bloqueo de la situación se ha debido principalmente a las trabas puestas por parte de Marruecos, Francia y Estados Unidos a los dictámenes de las Naciones Unidas. Sin embargo, las polémicas de los últimos años como la expulsión de Aminetu Haidar del territorio saharaui, las revueltas del campamento Gdeim Izik y la reciente tensión generada en la región de Guergerat han reavivado el conflicto y lo han devuelto a la actualidad.

Hijas del patriarcado

Nosotros somos cincos; ellas cuatro. De nosotros tres son los benjamines y aún no tienen ni voz ni voto. Es más: son los recaderos, los correveidile, los juguetes, los cojines o cualquier otra cosa que nosotros queramos que sean. El resto somos mi hermano y yo: el blanco y el negro, el día y la noche, la autoridad y el refugio, el patriarca y el repatriado. Claro, tiene su lógica cuando se sabe que él es el hermano militar quince días cada cuatro meses y el hermano obrero el resto del año, quien trae el pan a casa, quien dicta las normas, quien mea las esquinas para marcar el territorio; mientras yo soy aquel hermano al que nunca se ve, al que no se le pide nada porque nunca tiene nada que dar, el que, en cierto modo, tampoco tiene ni voz ni voto en esto al que llamamos familia.

La libertad enamora

Yo era el más canijo; siempre el más fuerte. Ella era la más pequeña; siempre la más valiente. Se vestía siempre acorde con su humor, se vestía siempre alegre. Verde. Decía que no era su color, pero que era el color que más le hacía sonreír. Pantalones de pitillo, camisetas ceñidas, ideas libres y siempre sin sujetador. Yo bromeaba, babeaba; siempre tras sus huesos. «Se te ven los pezones» decía yo, «Vuelve a decir eso y te corto los cojones» respondía ella. Y acto seguido estallaba en una carcajada infinita. Yo miraba y sonreía; ella fumaba tabaco de liar.
Jamás regalaba un beso por compasión; jamás mentía por complacer. Si reía era sincera y si callaba lo era aún más. Salía todas las noches. Decía sentirse más libre. «¿Y no tienes miedo?» le preguntaba la camarera del bar donde íbamos siempre. «Nadie tiene más cojones que yo» respondía. Cogía su copa, se la terminaba de un trago y me miraba sonriendo. «Mira que eres feo, canijo», «mira que eres basta, diablo». Y en algo tenía ella razón: siempre fui un canijo; y en algo tenía yo razón: ella siempre fue un diablo.
Un día desapareció. La llamé al móvil; ni rastro. La llamé al timbre; ni una señal. La llamé a pleno pulmón y casi me quedé sin aliento.

Día II

No soy de tierras ni de naciones
no quiero nada regalado,
me gusta ganarme los galones
y soporto amar sin ser amado.
No tengo casa ni hogar de vuelta,
extraño a gente bella y muy rara,
desprecio cualquier figura esbelta
si consigo no trae ninguna tara.
Canto alabanzas a diario
a aberraciones perfectas
que liberan de un viejo armario
mis ideas insurrectas.

Día I

Las pestañas por cuchillas
no dejaban hablar al silencio.
Las sonrisas por desaires
ningunearon la fuerza.
Dedos gordos y sebosos
acallaron labios preciosos.
Lobos de tupé y gafas de sol,
amos de exitosas improntas,
domadores de las cimas sociales,
que hacen de la vida su gallinero,
del resto de lobos su manada,
y de su opinión dogma.

Déjenme crecer

Primero vinieron las pesadillas. Uno nunca llega a ser del todo consciente de cuán adentro suyo se habían calado las ganas de libertad como cuando hasta sus sueños se lo dictan. Llegaron las noches en vela temiendo soñar, los días de angustia temiendo dormir, las lágrimas en silencio, la sensación de vacío, el calor que asfixia y el hambre que aprieta. Y uno ahí. ¿Dónde si no? No había más lugares en el mundo. O al menos, no habíamos visto lugar alguno que defiriese en lo más mínimo de aquel desierto.
Luego empezaron los respiros de dos meses: nuevos amigos, nuevos compañeros de aventuras que se desvanecían llegado el quince de septiembre tan rápidamente como el calor y el polvo rojo iban nublando los recuerdos, borrándolos o simplemente sustituyéndolos por una nostalgia sinuosa que destroza cualquier infancia.
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