Sahara Occidental – Reportaje

Cadena perpetua al Sahara Occidental

La retirada de España de su antigua colonia, su ocupación por parte de Mauritania y Marruecos y la posterior guerra que desató esta ocupación han quedado sepultados bajo años de olvido. El bloqueo de la situación se ha debido principalmente a las trabas puestas por parte de Marruecos, Francia y Estados Unidos a los dictámenes de las Naciones Unidas. Sin embargo, las polémicas de los últimos años como la expulsión de Aminetu Haidar del territorio saharaui, las revueltas del campamento Gdeim Izik y la reciente tensión generada en la región de Guergerat han reavivado el conflicto y lo han devuelto a la actualidad.

La transición saharaui

¿Qué habrá tras la muerte del líder de la resistencia saharaui?

La sociedad saharaui está antes un momento histórico: su particular «transición». Visto desde cualquier perspectiva, es un punto clave para el transcurso de su historia: es la primera vez que la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) pierde un presidente; es la primera vez —y quizás única, en las décadas venideras— que se le plantea la posibilidad de un cambio estructural en lo que concierne a su política exterior, y es, creo yo, un gran momento para replantearse objetivos, analizar logros, valorar la situación de su porvenir y proponer soluciones factibles.

Cuando la bendición se vuelve catástrofe

Las lluvias en Sáhara: una navaja de doble filo

Hay territorios que lloran poco. Como las personas, hay parcelas de este continente que no son muy dadas a lloriquear o a quejarse de su lastimoso estado. Son trocitos del planeta con el corazón de piedra, aunque sienten como el que más como la vida les pasa por los costados sin pararse siquiera a mirarles a los ojos. Es, por ejemplo, el caso de los desiertos donde la vida o se da en condiciones extremas o simplemente no se da. ¿Y qué hacen estas regiones? Absolutamente nada. La televisión no se hace eco de las catástrofes naturales que las asolan porque éstas nunca se han quejado de prácticamente nada. ¿La radio? La radio agoniza tanto o más que los propios desiertos. ¿Diarios y revistas? Su interés por informar llega donde llega el interés económico de sus accionistas; y os aseguro que en el desierto no se les ha perdido absolutamente nada.

Desarrollo espontáneo y mezquindad inherente

Para cuando vinieron a por mí, ya no quedaba nadie que pudiera decir nada

Las espaldas del mundo son horrendas: tienen cara de perro atropellado; huelen a sudor de esclavo; saben a veneno cruelmente suministrado; y duelen tanto o más que los clavos del mayor incomprendido de esta bruta historia nuestra.
Cuando el mundo decide sacar a relucir sus espaldas lo hace con el mayor regocijo, desprecio e insensibilidad que es capaz de mostrar. Pero no es el mundo en sí, pues ni éste sólo somos los humanos, ni somos su obligo. No, no es el mundo; es tan sólo el ser humano el que da la espalda. Da la espalda a cuanto debería amar, respetar o incluso venerar: a la madre tierra de la que come y bebe; a los demás inquilinos de ésta, pues son su alimento, y a sí mismo —mejor dicho, a su prójimo, porque el amor a sí mismo es infinito, tanto es, que no deja espacio en el alma para el amor fraternal—.

La venta del Sáhara

Todo cuanto se urdió en la venta del Sáhara Occidental con nocturnidad y alevosía

¿Hablamos de memoria histórica? ¡Hablemos!
No hay pecado (ni el más capital de ellos) mayor que el olvido. Porque olvidar es repetir, y repetir es no evolucionar y la no evolución de un organismo —entiéndase evolución en el sentido más darwiniano posible— conduce directamente a su extinción. Alguien dijo una vez que el hombre era el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Bien, pues esto en parte es mentira y en parte es verdad. Es mentira en cuanto a que no es el único animal que tropieza dos veces —y mil si es necesario— con el mismo obstáculo; y es verdad en cuanto a que ha quedado más que patente que el ser humano está condenado a repetir la misma historia tantas veces como le sea necesaria para grabársela en la piel con la sangre de sus iguales.
Cuando, el 10 de diciembre de 1898, se firmó el acuerdo de París, en el que se le otorgaba a Cuba su independencia —siempre bajo las presiones estadounidenses—, el Impero Español, perennemente fiel a su mezquindad, mostró a la historia su rostro más cruel vendiendo el resto de sus posesiones en Oceanía (Islas Marianas, Carolinas y Palaos) al Imperio Germano, bajo el pretexto de no poder defenderlas del enemigo, al ser destruida por los norteamericanos la mayor parte de su flota marina. ¿Que cuál era la alternativa? ¿Qué tal otorgarle la independencia sin condición alguna a cada uno de esos territorios? No; esa idea no entraba en los planes de ninguna potencia mundial de aquel entonces, y a día de hoy, sigue doliendo a más de un nieto de los grandes de España. Y puesto que actualmente —siempre bajo la mas-careta de neoliberales— gobierna la misma sangre de entonces, las cosas se siguen haciendo de igual manera, y los errores fatales del pasado, se siguen repitiendo sistemáticamente.

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