Del Sàhara a Catalunya

Soc un enamorat de les causes perdudes
de totes les causes perdudes
perquè a la meva vida
no hi ha major causa perduda
que jo mateix.
Soc d’un país llunyà i petit;
tan llunyà que quasi no s’hi veu,
tan petit que quasi no existeix.
Soc enamorat d’un país proper i gran;
tan proper que ningú no el vol veure,
tan gran que ningú no el deixa ser.
Soc estranya’t allà d’on soc,
soc estima’t aquí on soc,
soc boig i soc ingenu.
Soc una rialla descontrolada
que aixeca una polseguera al carrer.
Soc un enamorat de «Els amants»,
del «De Burjassot a tu», del «Perquè vull»,
de la veu greu de Montllor, del «Suya mi guerra»,
del «Tres de Pego», de «L’Estaca», de «La Flama»
i d’aquests versos:
«Jo desitjava, a voltes, un amor educat
i en marxa el tocadiscos, negligentment besant-te,
ara un muscle i després el peçó d’una orella»,
que cada vegada que rellegeixo
penso que ja mai més
ningú explicarà l’amor carnal
com ho va fer Estellés.

El sexo débil

Las queréis inocentes y manipulables;
como las niñas prepubertad.
Las queréis sin granitos en la cara;
como las niñas prepubertad.
Las queréis sin vello por el cuerpo;
como las niñas prepubertad.
Las queréis con la piel tersa;
como las niñas prepubertad.
Las queréis con las manos finas;
como las niñas prepubertad.
Sin embargo, las queréis con grandes pechos;
al menos más grandes que los de las niñas prepubertad.
Las queréis sin inteligencia;
al menos que no supere la vuestra de niñatos prepubertad.
Sois el sexo patético;
no sé cómo ellas os permiten
siquiera atreveros a concebirlas
como vuestro “sexo débil”.

Septiembre

Septiembre siempre ha sido
un mes fresco en el desierto.
Hablo de desiertos de verdad
como aquel del que yo vengo
donde corríamos en pelotas
perseguidos por fantasmas
que nadie más veía,
jugábamos a ser mayores,
más mayores que papá,
reíamos las noches
la luna da fe de ello
bebíamos la vida
porque agua no había
el té con pan duro
siempre era el desayuno
la lecho de cabra
con tropezones sabía mejor
las lentejas a secas
lentejas con lentejas
para la noche de un gran festín
el arroz con arena
la arena con sal
la sal en piedra
las piedras que hablan
las almas que callan
y un pueblo que muere.
Y a pesar de todo ello
corriéramos en pelotas
perseguidos por fantasmas
que nadie más veía
reíamos la noche
la luna da fe de ello.
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