Sahara Occidental – Reportaje

Cadena perpetua al Sahara Occidental

La retirada de España de su antigua colonia, su ocupación por parte de Mauritania y Marruecos y la posterior guerra que desató esta ocupación han quedado sepultados bajo años de olvido. El bloqueo de la situación se ha debido principalmente a las trabas puestas por parte de Marruecos, Francia y Estados Unidos a los dictámenes de las Naciones Unidas. Sin embargo, las polémicas de los últimos años como la expulsión de Aminetu Haidar del territorio saharaui, las revueltas del campamento Gdeim Izik y la reciente tensión generada en la región de Guergerat han reavivado el conflicto y lo han devuelto a la actualidad.

Pared de sangre y metralla

Las fases de construcción del “muro de la vergüenza”. 1980-1987
No hay ni un solo bloque. No se ve a lo largo de los más de 2.700 kilómetros que lo forman ventana alguna. No se erige como una esotérica base militar. No es liso. No tiene grafitis ni firmas excéntricas. No es gris y triste, ni rojo y pobre, ni blanco y vacío ni verde y alegre. No tiene absolutamente nada que ningún occidental pueda ver en su día a día. Tal vez sea por eso por lo que cueste tanto imaginarlo y mucho más concebirlo. Y sin embargo es la mayor barrera artificial creada por el hombre, tras la muralla china, para marcar su territorio.

Las consecuencias para unos: guerra, exilio, muerte, hambruna y olvida. Para otros, sin embargo, las consecuencias eran, son y serán suculentas hasta agotar existencias

La construcción del muro marroquí, también conocido como “el muro de la vergüenza”, empezó a principios de los años ochenta como barrera de contención contra el Frente Polisario —movimiento de liberación del pueblo saharaui— y terminó en la misma década convertido ya en el mayor símbolo de las intenciones del Reino de Marruecos en lo que a la guerra contra los saharauis se refiere: una barrera para impedir el exilio.
El mismísimo Hassan II —el anterior rey de Marruecos y padre del actual monarca, Mohamed VI—, artífice de la invasión de Marruecos al Sáhara Occidental y de la archiconocida Marcha Verde, ordenó el inicio de las obras y supervisó con sumo cuidado tanto su estructura como su recorrido.
2.700 kilómetros de recorrido, entre 2 y 2,5 metros de altura —dependiendo del tramo—; 7 muros diferentes de arena, piedra y alambre de espino; más de 100.000 soldados custodiándolo; aproximadamente 5 millones de minas antipersonas esparcidas a lo largo de ambas caras, son solo algunos de los datos reseñables de esa enorme estructura que divide la mitad de un pueblo de la otra.

Una noche y una guerra

Carlos Arias Navarro (iz.) y Francisco Franco (der.). 1975
Pero, ¿cómo se llegó a la situación actual? Una noche y una guerra lo explican.
La noche del 14 de noviembre de 1975,  las autoridades españolas vendían su antigua colonia a los países vecinos de ésta, Mauritania y Marruecos, a cambio de pescado y fosfato, sin consultar la operación con el legítimo dueño del territorio, el pueblo saharaui.

El pueblo saharaui, divido por el muro, o sufre la brutalidad policial en marruecos o la brutalidad natural del desierto

Las cosas no acabaron como se esperaba que acabaran. Un Generalísimo moribundo, un presidente endeble (Carlos Arias Navarro), una política exterior nefasta (a cargo de Pedro Cortina) y dos fieras carroñeras afilando las garras a la espera de la estacada final (Marruecos y Mauritania), fueron el caldo de cultivo perfecto de una deslealtad inolvidable del gobierno de España hacia el Pueblo Saharaui.
Lo que se fraguó aquella fría noche de noviembre sigue teniendo efectos devastadores a día de hoy. Para unos: guerra, exilio, muerte, hambruna y olvida. En ese orden. Para otros, sin embargo, las consecuencias eran, son y serán, si nadie lo remedia, suculentas hasta agotar existencias.

La cara oculta de la duna

El 18 de noviembre de 1975, tras la aprobación de la Ley de Descolonización del Sahara Occidental por parte de las Cortes Españolas, se consumaba la traición. Oficialmente el territorio pasaba a ser administrado por dos nuevos gobiernos colonizadores, el de Rabat y el de Nuakchot. España se desentendía de todo y atendía sus problemas internos (Transición). Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas no lo entendió así: “España sigue siendo la única potencia administradora del territorio y debe garantizar la celebración de un referéndum de autodeterminación”.
¿Qué desencadenó todo aquello? Una guerra, desplazamiento forzoso de los saharauis, bombardeo a la población civil con napalm por parte de la corono magrebí, exilio de cientos de miles de personas a la parte más árida del desierto del Sáhara, hambruna y total dependencia de la ayuda humanitaria de la parte exiliada, construcción del muro de la vergüenza arrastrando toneladas y toneladas de arena y el soterramiento de todo esto bajo años y años de agónica espera.

Haidar, una vez en tierra española, se declara en huelga de hambre y con ello consigue presiones hacia el gobierno español, la ONU, la UE, la corona española y el reinado de Mohamed VI

El problema, cuya solución pasa inevitablemente por la mediación de las Naciones Unidas y la entonación del mea culpa por parte de los distintos gobiernos españoles desde los inicios de la democracia, lleva estancado más de cuarenta años. El Rey de Marruecos, Mohamed VI se erige también como el monarca del Sahara Occidental. España consigue centenares de licencias pesqueras en las costas Saharauis. La ONU crea la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), misión carente de capacidad de observación del cumplimiento de los Derechos Humanos. La misión fracasa año tras año. El pueblo saharaui, divido por el muro, o sufre la brutalidad policial en marruecos o la brutalidad natural del desierto en Argelia. Y nadie sabe nada.
Y un día alguien levanta la voz. Y al siguiente día es silenciado. Y a quien no calla por la buenas, se le muestra el hacinamiento en las cárceles o las fosas comunes aún más hacinadas. Y se dibuja de nuevo el silencio.

Señales de humo I: Aminetu Haidar

Aminatou Haidar durante su intervención en Sandblast Festival 2007, Londres
Aminetu Haidar era esa tambaleante y endeble, pero inextinguible, luz de la última vela que alumbra la verdad. Afinó la voz, la aclaró y la alzó bien fuerte para sacar al gobierno de Rabat todas y cada una de las vergüenzas que éste le intentaba ocultar a los Cascos Azules de la MINURSO. Pero las ofensas se pagan caras y el rencor actúa con la mente fría.

La revuelta se vuelve la única salida y el gobierno marroquí afirma que los manifestantes asesinaron a 11 policías

El 20 de octubre de 2009, Aminetu Haidar era galardonada por Train Fundation con el Premio al Coraje Civil en la ciudad de Nueva York por su férrea defensa de los Derechos Humanos en los territorios ocupados del Sahara Occidental. Días más tarde, al intentar regresar a El-Aiún —capital del territorio saharaui— es rechazada y envidada de vuelta a Lanzarote, donde había hecho escala. Haidar, una vez en tierra española, se declara en huelga de hambre y con ello consigue presionar al gobierno español, la ONU, la UE, la corona española y el reinado de Mohamed VI. Y ello, como era de esperar, devuelve la causa saharaui a la palestra de la actualidad.
Pero de pronto todos ceden: Haidar vuelve sana y salva a su casa y el polvo y el olvido vuelven a oscurecer la historia saharaui.

Señales de humo II: Gdeim Izik

Disturbios tras el desmantelamiento del campamento de protesta saharaui de Gdeim Izik, cerca de El Aaiún
La tensión empapaba la piel como lo hace un día de verano en la cuenca mediterránea. En una situación que mimetizaba a la perfección al lejano Apartheid, la población autóctona saharaui vive en la más absoluta marginación y exclusión social en su propia tierra, en pro del marroquí venido del norte tras la ya famosísima Marcha Verde. Y eso, a lo jóvenes, quienes aún se agarran con uñas y dientes a la esperanza, los arrastro al hartazgo.
En 2010, más de 20.000 jóvenes (y no tan jóvenes) organizaron un campamento a 15 kilómetros de El-Aiún como protesta contra su discriminación. Había tiendas de campaña, reuniones alrededor del té para trazar una hoja de ruta, canticos, banderas y espíritu de lucha que devolvieron a los saharauis y a su causa a primera plana. Pero de nuevo el poderío marroquí apagó la incipiente fogata y extingió el humo.

La intención de los primeros es afianzar la localidad como el punto sur del acceso a “Marruecos”; la intención de los segundos es, de nuevo, mantener vivo el humo, la hoguera, el incendio y su causa

La policía magrebí asaltó el campamento violentamente. La revuelta se volvió la única salida y el gobierno marroquí afirmó que los manifestantes asesinaron a 11 policías. ¿Resultado? Cadena perpetua para cinco detenidos y suficiente miedo en el cuerpo del resto como para dar por aplastada la revuelta.

Señales de humo III: Guerguerat

Un hombre saharaui planta la bandera del Frente Polisario en el Territorio de Guerguerat, a pocos metros de los soldados marroquíes.
Guerguerat es un pequeño asentamiento al sur del territorio ocupado; cerca del muro. Su importancia radica en su posición geoestratégica: es el punto de acceso entre Mauritania y el territorio del Sahara Ocupado. Es un importante paso de mercancías y personas entre ambos países y un importante testigo de desencuentros entre el Frente Polisario y Rabat. Marruecos, violando el tratado de alto el fuego firmado en 1991, según afirma el Polisario, intenta alterar el status quo a su favor interviniendo en la zona militarmente. El frente Polisario, según afirma Rabat, impide la libre circulación de mercancías y personas por el acceso incumpliendo así el mismo acuerdo.
La intención de los primeros es afianzar la localidad como el punto sur del acceso a “Marruecos”; la intención de los segundos es, de nuevo, mantener vivo el humo, la hoguera, el incendio y su causa. Si no se es noticia, se es parte del olvido. Y el olvide ya ha convivido demasiado con el tiempo y entre ambos no han hecho más que alimentar la resignación. Y de resignación el pueblo saharaui está más que saturado.

Los mismos vientos, distintas dunas

Mientras tanto, todo sigue igual. España sigue sin querer saber nada de la causa saharaui, y sin embargo lo quiere saber todo del tratado pesquero Marruecos-Unión Europea. La ONU, a través de su MINURSO sigue sin ser en absoluto útil, contemplando a diario violaciones de los DDHH en el territorio ocupado sin ser su competencia reportarlo a la Secretaría General para que se impongan sanciones al país rifeño. El referéndum, prometido tras el alto el fuego de 1991 sigue sin celebrarse y el calor y la sequía siguen llevándose por delante cada año a más gente en el campamento de refugiados de Tindouf, Argelia.
Solo nos falta saber si la última humareda, Guerguerat, servirá para reavivar la realidad de la gravedad del asunto, o se extinguirá poco a poco bajo mucha política exterior marroquí y una infinita pasividad internacional.

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