Capítulo V

Ella, como siempre que él cocinaba, reía estirada en el sofá ocupándolo casi en su totalidad. El olor a comida le llegaba a la nariz desde la cocina. Él, que ya había preparado la cena y estaba esperando que se enfriara, sentado donde terminaban las piernas de ella, con la guitarra entre las manos, le cantaba canciones de amor a su futuro hijo, mientras ella se reía de los dos.

“Está loco este hombre” pensaba para sus adentros; “está loco, y yo loca por él”. Y continúa riéndose de las locuras que aquel hombre era capaz de hacer por un hijo que aún no había conocido. “Es bonito” pensó ella. “Es bonito que aquel día en la estación no se subiera al tren; y es bonito que me aceptara aquel café; y es bonito que no se fuera al día siguiente; y es bonito que me preparara el desayuno aquella mañana; y es bonito que esté aquí, ahora mismo, al otro lado del sofá, cantándole canciones de amor a nuestro futuro hijo. Su presencia hace que vivir sea algo realmente mágico”.

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2 commentarios

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