Capítulo IX

Fermín medio reía, el pescadero bebía, y Mquel no sabía qué demonios acababa de pasado en aquel maldito bar. El muchacho que acompañaba a Marta, tan desconcertado como Miquel, se acercó a éste, se sentó en un taburete que quedaba libre a su lado, y se bebió de un solo trago el combinado que Fermín le acababa de servir.

―Lo siento ―se disculpó―. Lo necesitaba. No sé qué demonios acaba de pasar. Pero sea lo que sea, me viene grande.

―Yo tampoco lo sé ―respondió Miquel atónito. Seguía mirando fijamente a la puerta, conservando la estúpida esperanza de volver a verla entrar por ella en cualquier momento; pero eso no ocurría.

―Venga, le invito a uno.

Pere se volvió hacia Fermín que, por fin había dejado de reír, y le pidió dos combinados; éste obedeció, y a los pocos minutos los puso encima de la barra. Miquel giró poco a poco su taburete de nuevo hacia la barra, cogió su copa, y brindó con Pere, Fermín y el pescadero:

―A la salud de los ausentes.

―Y de los ausentes en vida ―añadió el pescadero con una elevada nostalgia en sus palabras.

Bebieron durante alrededor de una hora sin oírse los unos a los otros una sola palabra. Ni siquiera Fermín, que sufre una verborrea mental aguda, se dignó a pronunciar una sola sílaba.

―Bueno señores ―dijo por fin el pescadero levantándose de su taburete―, ya va siendo hora de que los viejos nos vayamos retirando. Cuídense de esa muchacha si pueden; presagio que les va a volver locos a ambos.

Desapareció por la puerta sintiendo clavadas en su nuca las miradas de Miquel y de Pere como si de cuchillos jamoneros se tratase. Pero no le dio importancia, como no se lo dan a nada viejos en general, ni los viejos muertos en vida, en particular.

Miquel se volvió hacia Pere que ahora lo miraba como se mira al extraño. Sin que pudiera decir nada que les reconfortara a ambos, el muchacho se levantó de golpe, cogió su chaqueta de la barra, y desapareció sin despedirse.

―Qué poca educación la de la juventud de hoy en día ―dijo Fermín ante la repentina marcha del muchacho. Esperó unos segundos la respuesta de Miquel, pero ésta no llegaba, y tuvo que llamar su atención con una tos un tanto forzada.

―¿Qué? Ah, sí. Todo muy extraño, ¿no? Un día el amor de mi vida está muerto, y al siguiente resucita con tres años menos, y un apuesto muchacho por novio. Es todo muy raro.

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2 commentarios

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  2. Capítulo X - IBRA ASSEZ FOU
    febrero 22, 2018

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