Día II

No soy de tierras ni de naciones
no quiero nada regalado,
me gusta ganarme los galones
y soporto amar sin ser amado.
No tengo casa ni hogar de vuelta,
extraño a gente bella y muy rara,
desprecio cualquier figura esbelta
si consigo no trae ninguna tara.
Canto alabanzas a diario
a aberraciones perfectas
que liberan de un viejo armario
mis ideas insurrectas.

Día I

Las pestañas por cuchillas
no dejaban hablar al silencio.
Las sonrisas por desaires
ningunearon la fuerza.
Dedos gordos y sebosos
acallaron labios preciosos.
Lobos de tupé y gafas de sol,
amos de exitosas improntas,
domadores de las cimas sociales,
que hacen de la vida su gallinero,
del resto de lobos su manada,
y de su opinión dogma.

El sexo débil

Las queréis inocentes y manipulables;
como las niñas prepubertad.
Las queréis sin granitos en la cara;
como las niñas prepubertad.
Las queréis sin vello por el cuerpo;
como las niñas prepubertad.
Las queréis con la piel tersa;
como las niñas prepubertad.
Las queréis con las manos finas;
como las niñas prepubertad.
Sin embargo, las queréis con grandes pechos;
al menos más grandes que los de las niñas prepubertad.
Las queréis sin inteligencia;
al menos que no supere la vuestra de niñatos prepubertad.
Sois el sexo patético;
no sé cómo ellas os permiten
siquiera atreveros a concebirlas
como vuestro “sexo débil”.

¿Ironía o erotismo?

Ironía era cuando gritabas de dolor
mientras me empujabas hacia tus adentros;
erotismo era cómo te chupabas los dedos
para saborear qué dejé dentro de ti.
Ironía era buscar el interruptor para verme la cara al correrme
mientras tú mantenías los ojos cerrados;
erotismo era darme a probar mi propio semen
con los ojos bien abiertos.
Ironía era suspender anatomía el martes
y saberte todas mis partes el viernes;
erotismo era casi correrte
pensándome en la pregunta veinte.

Septiembre

Septiembre siempre ha sido
un mes fresco en el desierto.
Hablo de desiertos de verdad
como aquel del que yo vengo
donde corríamos en pelotas
perseguidos por fantasmas
que nadie más veía,
jugábamos a ser mayores,
más mayores que papá,
reíamos las noches
la luna da fe de ello
bebíamos la vida
porque agua no había
el té con pan duro
siempre era el desayuno
la lecho de cabra
con tropezones sabía mejor
las lentejas a secas
lentejas con lentejas
para la noche de un gran festín
el arroz con arena
la arena con sal
la sal en piedra
las piedras que hablan
las almas que callan
y un pueblo que muere.
Y a pesar de todo ello
corriéramos en pelotas
perseguidos por fantasmas
que nadie más veía
reíamos la noche
la luna da fe de ello.
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